Hoy recordé una carta que alguna vez mandé...
"Estimado Hesse,
ha pasado mucho tiempo desde la última vez que mantuvimos una conversación, espero que no hayas olvidado a tus amigos y seres queridos ahora que regresaste a casa. Sé que has de cuestionarte el motivo de esta carta, yo mismo no entendía el por qué hasta esta tarde, por favor permite que te explique.
Hace una semana pasaba por aquél lugar donde solíamos realizar las tertulias del atardecer ¿Recuerdas lo mucho que disfrutábamos? ¿Recuerdas cómo solía llegar el manto obscuro entre ideas y reflexiones? y aun más importante ¿Cómo influyó en mi vida?. Aquél lugar llenó mi alma de nostalgia, es por eso que decidí buscar con premura el sillón donde solíamos sentarnos a aprender sobre la vida y las ideas. Éste todavía estaba ahí, espolvoreado y manchado por los vendavales de aquel que nunca se detiene. No podía ser de otra manera, ya que jamás se sentó o sentará alguien ahí como solíamos hacerlo. Es una pena saber que en muchos otros lugares del mundo existen sillones como éste, donde sólo se necesita sentar una persona para que todas las demás se encuentren presentes y aporten sus sabias ideas a la experiencia. También me entristece que no puedas ser testigo de cómo ha espigado el poder arcano almacenado en el viejo mueble de caoba, ya son muchos los hechizos que han descansado sobre él. Al escudriñar los lóbregos estantes recordé como solías llamar poemas a los conjuros que fuimos atesorando. De repente vi caer al suelo un pergamino. No dudé en recogerlo, mucho menos en ojearlo, y para mi sorpresa me encontré sosteniendo algo que originalmente no estaba ahí, algo enigmático y misterioso que prometía revelar un ente secreto y oculto. Lo guardé en mi bolso y corrí.
No logro explicar como llegó aquel escrito a ese lugar de polvo y telarañas, y debido a mis obligaciones, no logré leer el misterioso poema, menos aun volver a aquél lugar de recuerdos. ¡¡¡LO SÉ!!! no he olvidado como con sólo oír “deberás” todo tu ser se trastocaba y obcecaba, para mi sorpresa esta frase iba a ser parte de un asombroso déjà vu. Días después de la inesperada visita al mueble de madera decidí recostarme en la cama, y descubrí que la magia que escondía el pergamino era obra tuya, era el legado de tu vida tallado en sombrías letras plateadas. Poco después de comenzar a leer, me encontré sentado en el sillón de caoba, y justo al frente se dibujó tu imagen, con la melancolía reflejada en tus ojos, narrando tu vida. En vez de sonidos, salían por tu boca pinturas que iban dibujando acuarelas en las mohosas paredes blancas, hasta que éstas no fueron suficiente lienzo, y los dibujos cobraron vida propia y se extendieron por el piso rodeando el sillón. Luego me percaté que los dibujos del piso no eran tuyos, eran míos, o mejor dicho, era yo desvaneciéndome en tus dibujos, hasta que me hallé sumergido por completo en temperas y agua.
Mientras me encontraba fusionado con el dibujo, logré entender porque decidiste alojarte en tus sueños y desligarte de la cotidianidad. Tu realidad era complicada y tortuosa, creciste en mundo donde no había cabida para seres únicos y distintos. Tu carácter te convirtió en exiliado de tu habitad, empero, gracias a este entorno agresivo lograste desarrollar la capacidad de entender la gran búsqueda del hombre, y tal vez acercarte a la respuesta más de lo que muchos logran. Lograste hacer que me diera cuenta de lo desligado que me encontraba de mis ilusiones, de aquel niño travieso que soñaba con ir a la Luna, el cuarto mohoso y empolvado era mi espacio reflexivo, al que tenía abandonado para dedicarme a la razón y las ciencias. A pesar de que la imaginación es un refugio donde siempre podemos encontrar consuelo y belleza, no comparto contigo la idea de que la realidad es algo que carece de belleza. Lo más real y puro que existe en el mundo es aquello que ya estaba ahí cuando nosotros los seres “inteligentes” aparecimos, algo que fue la obra de Dios, si así te complace, algo que desde hace mucho ha sido despreciado por el progreso. Cada vez que el Sol se esconde detrás de las montañas, no puedo evitar sentirme invadido por una sensación de paz y belleza absoluta, o cuando observo a la Luna por horas, admirando su forma. ¿Nunca has mirado a la Luna y te has preguntado cuantas personas en ese mismo instante tienen los ojos fijados sobre ella? Yo sí, y justo en ese momento siento que esas personas están ahí, y me doy cuenta de que todos somos parte de algo más grande, que todos formamos un ente y en ese momento todas las diferencias y problemas del mundo parecen solucionarse y encuentro la paz, encuentro el río que tanto se ríe de nosotros. Pero eso continúa en otra carta.
Tu gran amigo y admirador,
Juan Serrallonga"
ha pasado mucho tiempo desde la última vez que mantuvimos una conversación, espero que no hayas olvidado a tus amigos y seres queridos ahora que regresaste a casa. Sé que has de cuestionarte el motivo de esta carta, yo mismo no entendía el por qué hasta esta tarde, por favor permite que te explique.
Hace una semana pasaba por aquél lugar donde solíamos realizar las tertulias del atardecer ¿Recuerdas lo mucho que disfrutábamos? ¿Recuerdas cómo solía llegar el manto obscuro entre ideas y reflexiones? y aun más importante ¿Cómo influyó en mi vida?. Aquél lugar llenó mi alma de nostalgia, es por eso que decidí buscar con premura el sillón donde solíamos sentarnos a aprender sobre la vida y las ideas. Éste todavía estaba ahí, espolvoreado y manchado por los vendavales de aquel que nunca se detiene. No podía ser de otra manera, ya que jamás se sentó o sentará alguien ahí como solíamos hacerlo. Es una pena saber que en muchos otros lugares del mundo existen sillones como éste, donde sólo se necesita sentar una persona para que todas las demás se encuentren presentes y aporten sus sabias ideas a la experiencia. También me entristece que no puedas ser testigo de cómo ha espigado el poder arcano almacenado en el viejo mueble de caoba, ya son muchos los hechizos que han descansado sobre él. Al escudriñar los lóbregos estantes recordé como solías llamar poemas a los conjuros que fuimos atesorando. De repente vi caer al suelo un pergamino. No dudé en recogerlo, mucho menos en ojearlo, y para mi sorpresa me encontré sosteniendo algo que originalmente no estaba ahí, algo enigmático y misterioso que prometía revelar un ente secreto y oculto. Lo guardé en mi bolso y corrí.
No logro explicar como llegó aquel escrito a ese lugar de polvo y telarañas, y debido a mis obligaciones, no logré leer el misterioso poema, menos aun volver a aquél lugar de recuerdos. ¡¡¡LO SÉ!!! no he olvidado como con sólo oír “deberás” todo tu ser se trastocaba y obcecaba, para mi sorpresa esta frase iba a ser parte de un asombroso déjà vu. Días después de la inesperada visita al mueble de madera decidí recostarme en la cama, y descubrí que la magia que escondía el pergamino era obra tuya, era el legado de tu vida tallado en sombrías letras plateadas. Poco después de comenzar a leer, me encontré sentado en el sillón de caoba, y justo al frente se dibujó tu imagen, con la melancolía reflejada en tus ojos, narrando tu vida. En vez de sonidos, salían por tu boca pinturas que iban dibujando acuarelas en las mohosas paredes blancas, hasta que éstas no fueron suficiente lienzo, y los dibujos cobraron vida propia y se extendieron por el piso rodeando el sillón. Luego me percaté que los dibujos del piso no eran tuyos, eran míos, o mejor dicho, era yo desvaneciéndome en tus dibujos, hasta que me hallé sumergido por completo en temperas y agua.
Mientras me encontraba fusionado con el dibujo, logré entender porque decidiste alojarte en tus sueños y desligarte de la cotidianidad. Tu realidad era complicada y tortuosa, creciste en mundo donde no había cabida para seres únicos y distintos. Tu carácter te convirtió en exiliado de tu habitad, empero, gracias a este entorno agresivo lograste desarrollar la capacidad de entender la gran búsqueda del hombre, y tal vez acercarte a la respuesta más de lo que muchos logran. Lograste hacer que me diera cuenta de lo desligado que me encontraba de mis ilusiones, de aquel niño travieso que soñaba con ir a la Luna, el cuarto mohoso y empolvado era mi espacio reflexivo, al que tenía abandonado para dedicarme a la razón y las ciencias. A pesar de que la imaginación es un refugio donde siempre podemos encontrar consuelo y belleza, no comparto contigo la idea de que la realidad es algo que carece de belleza. Lo más real y puro que existe en el mundo es aquello que ya estaba ahí cuando nosotros los seres “inteligentes” aparecimos, algo que fue la obra de Dios, si así te complace, algo que desde hace mucho ha sido despreciado por el progreso. Cada vez que el Sol se esconde detrás de las montañas, no puedo evitar sentirme invadido por una sensación de paz y belleza absoluta, o cuando observo a la Luna por horas, admirando su forma. ¿Nunca has mirado a la Luna y te has preguntado cuantas personas en ese mismo instante tienen los ojos fijados sobre ella? Yo sí, y justo en ese momento siento que esas personas están ahí, y me doy cuenta de que todos somos parte de algo más grande, que todos formamos un ente y en ese momento todas las diferencias y problemas del mundo parecen solucionarse y encuentro la paz, encuentro el río que tanto se ríe de nosotros. Pero eso continúa en otra carta.
Tu gran amigo y admirador,
Juan Serrallonga"
... lo grandioso, fue respondida.
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